Séniors en busca de empleo

Seguro que, como yo, tienes más de un amigo o conocido mayor de 45 años buscando empleo. Y seguro que, como los míos, estarán sobrepasando el límite de la preocupación  al ver que los días pasan, los ahorros se agotan y las perspectivas no mejoran.

Y para muchos de ellos, la situación es incomprensible: con una mejor situación personal y mayor disposición ahora que hace 25 años, con los hijos criados y con menos cargas familiares, mucho más centrados, con una experiencia valiosísima que aportar en la empresa y habilidades desarrolladas a través de la vida profesional pero también, proporcionadas por una mayor experiencia vital.

En contra, algunos aseguran que tienen menos flexibilidad y capacidad de adaptación y que son menos dinámicos y proactivos algo que, se supone, aportan los trabajadores más jóvenes, aunque por mi experiencia creo que estas cualidades van ligadas a la persona y no necesariamente a la edad  y trayectoria.

Está claro que el mercado laborar no atraviesa su mejor momento, pero seguro que hay una empresa que requiera esa experiencia que ellos están dispuestos a ofrecer.

Con su permiso, reproduzco algunas de las conclusiones a las que llegó una clienta de 47 años que había sido despedida de su empresa y que, afortunadamente ya ha encontrado trabajo, con la esperanza de que sean un aliciente para quien se encuentre en una situación parecida:

“Quizá la empresa que busco no esté en mi zona, ni siguiera en mi ciudad o país, por eso tengo que ampliar el área de búsqueda.

Quizá no sea exactamente el tipo de trabajo que he desarrollado hasta el momento, así que, no me tengo que generar expectativas si lo que realmente quiero es tener una oportunidad.

Puede que tampoco sea el modo en el que estoy acostumbrada  a trabajar: sin la seguridad de un horario, un salario fijo, un despacho, así que probablemente toque salir de la zona de confort y adaptarme a una nueva situación.

Tengo que abandonar mis creencias limitantes. Cuando creemos que “no puedo” el cerebro ya nos predispone para eso y esa creencia determinará nuestra vida.  Las creencias pueden cambiarse porque son solo eso, creencias.

Mi trabajo ahora es buscar trabajo, hay muchísimas cosas que puedo hacer y que seguro no estoy haciendo, quizá no estoy apuntando al objetivo adecuado, quizá no estoy utilizando todos mis recursos.

Y lo más importante, ¿cuál es mi actitud?  Nadie contrataría a una persona triste, con la autoestima tocada y que parece derrotada. Así que hay que levantarse todos los días, vestirse con la mejor sonrisa, reunir toda la energía y seguir haciendo cosas, moviéndose… la constancia y determinación son las mejores bazas.

Y sobre todo, sólo he perdido un trabajo. Yo soy la misma persona, con los mismos valores y la misma valía.  No puedo dejar que la confianza y seguridad en mi misma me abandonen, no puedo dejar que mi status marque lo que yo soy y tengo para ofrecer.”

Ella lo consiguió y muchos otros también. Si estás en esta situación, plantéate tan sólo tres preguntas ¿estás haciendo todo lo necesario? ¿cuál es tu actitud? ¿necesitas ayuda? Y después de la reflexión, inicia la acción.

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